miércoles, 24 de agosto de 2011

Lamentable.



Estos días nos enfrentamos a una situación que lejos de ser agradable, no es más que una triste consecuencia de un modelo de gestión antiguo, injusto y cavernícola. El mundo del fútbol se tambalea bajo los píes de los dirigentes del mismo y de sus protagonistas los futbolistas.


Como en toda huelga que se precie un sindicato anda metido por medio como único responsable de la misma. Lo malo es que algunas de las cabezas visibles de este sindicato son futbolistas de primer nivel de equipos grandes, siendo estos responsables de éxitos para nuestro deporte como el campeonato del mundo o la Champions League.

Tratando de dar una imagen solidaria con aquellos grupos de futbolistas que no cobran por el ejercicio de su profesión, han decidido ejercer su derecho a huelga. No han dudado en señalar como culpable la actual ley concursal, la cual acoge a equipos en situación de bancarrota permitiendo que estos gasten el dinero que no tienen en fichar.

Sus razones son tan lícitas como admirables y justas, pero lo raro de la situación es que esta ley existe desde hace algún tiempo y nadie a movido un dedo hasta ahora. Entonces a  nadie le importó que todos los clubes de futbol se transformaran en SAD, ni que apareciera la Ley concursal, ni que cada año equipos de futbol de 3ª División y Regional desaparezcan por falta de crédito. Tampoco importa ahora aunque la triste imagen dada haga pensar otra cosa.

La solidaridad a menudo tiene dos caras y estas conviven escondidas una tras la otra, tratando de aparentar afanosa humanidad y falsa modestia. No se entiende otra cosa, pues si las soluciones que proponen estos millonarios futbolistas pasan por asegurar el cobro de nóminas de los futbolistas, está claro que sus colmadas arcas podrían haber soltado lastre en forma de millones de € hace tiempo. Pues el dinero que ganan al año no llegarán a verlo jamás cualquiera de los 5 millones de parados que hay en España ahora mismo.

Si a todo esto le sumamos la patética gestión de un deporte por parte de un grupo de encorbatados señores que no saben si no cabar sus propias tumbas. Da cómo resultado una situación tan lamentable por ambos bandos, que cuesta creer que algunos se llaman deportistas y que otros se sumen a la foto a la hora de alzar trofeos.